La pequeña tiene hipo.
Es una buena señal, según he leído. Es un síntoma de maduración fetal. El bebé tiene que entrenar sus pulmones para poder respirar algún día con ellos…
En fin, es bonito en teoría, pero cuando se tira 5 minutos hipando me da la sensación de que necesita un susto o algo. Tiene bastante paciencia, pero al cabo de un rato se rebota y se pone a darme patadas como si fuera culpa mía… ¡A mí también me fastidia tener un mini metrónomo en la tripa!
Espero que en esto no salga a su padre, porque los ataques de hipo de Miguel son legen-wait for it-darios!!!
Hoy el médico me ha entregado a mi nueva mascotita. Es como un tamagotchi (más grande) pero además le mola morder mis deditos de pianista frustrada. Me va a hacer compañía los próximos dos meses. Después espero jubilarlo, para que mentir, pero por ahora más me vale encariñarme con él y con sus accesorios.
Da mucho más miedo en persona, de verdad…
Ah, pero yo sé que dentro de dos meses tendré a mi niña y una pedazo de hamburguesa grasienta del Burguer King acompañada de donetes de chocolate. Lo presiento.
Le pasa a 4 de cada 100 embarazadas. Pero a mí me gustan las loterías jodidas, así que me ha tocado, qué le vamos a hacer. A partir de ahora el azúcar (ya sea en sus variantes de glucosa o fructosa) y los hidratos de carbono son mis enemigos mortales (el truco llega cuando descubres que sin ellos no podrías levantarte del suelo). La verdad es que no sé por qué me ha tocado a mí, no tengo ninguno de los factores de riesgo. Ni siquiera me muero por comer dulces (bueno, ahora me apetecen más, claro, ley de vida). Me he cuidado, no he abusado de nada… Otras se pasan el embarazo fumando, bebiendo y pasando absolutamente de todo (clases de preparación al parto incluídas) y acaban tan panchas. Pero da igual, el caso es que estamos en este punto.
¿Y Miranda? Bueno, pues si su madre no la envenena seguramente no tendrá ningún problema de ahora en adelante. Pero si no consigo controlar el azúcar le puedo provocar una macrosomía (crecimiento anormal) con lo que el sufrimiento fetal y los problemas de parto estarían a la orden del día. Además al nacer puede sufrir hipoglucemia o ictericia. Una maravilla, ¿verdad? Lo que está claro es que el parto no se retrasará más allá de diciembre, e incluso es posible que tengan que adelantármelo con lo que eso conlleva. Por mi parte, aunque es posible que la diabetes desaparezca con el parto, también tengo más papeletas para seguir siendo diabética, y si no ahora, tengo más posibilidades de tenerla en un futuro próximo.
Llevo unos días muy malos, para qué voy a mentir. Tampoco sé cómo combinar esto con el trabajo (lo de medirme el azúcar 6 veces al día, llevar la dieta, caminar después de las comidas…) No puedo acabar la comida y decirle a mi jefe “eh, que me voy de paseo”. Lamentablemente tendré que sentarme y trabajar unas horitas más, con o sin azúcar.
En fin, que esto es una mierda. De hecho, acabo de leer que mi marido se zampó esta mañana un chocolate con churros y me he puesto a llorar.


Últimos comentarios