Podemos
Querer es poder. A los que por principio vital no tenemos mucha fe en este dicho, hoy la selección española de fútbol nos ha dado una lección. Así que: GRACIAS.
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Querer es poder. A los que por principio vital no tenemos mucha fe en este dicho, hoy la selección española de fútbol nos ha dado una lección. Así que: GRACIAS.
Pues sí, ya ha pasado suficiente tiempo y ya he leído suficientes pseudo-críticas de pedantes-culturetas como para cargarme las pilas. Es el momento de hablar de la película que pone el punto y final a las 6 temporadas de Sex and the City.
Como no quiero engañaros, os diré que me encanta la serie, y seguiré diciendo que me ha encantado la película. Pero de lo que quiero hablar es de las pseudo-críticas que se le han hecho.
El primer argumento en contra de este producto es el vestuario. La afición desproporcionada de Carrie por la ropa parece que es un punto en contra para que nos guste la película, porque es “superficial, marketing estúpido, blablabla, etcétera, etcétera.” Bien, hay pocas mujeres a las que les guste ir en chándal todo el día, y también pocas que puedan comprar en Serrano. ¿Qué tiene de malo ver de vez en cuando vestidos bonitos? ¿Nos vamos a volver locas y vamos a ir a vaciar la tarjeta de crédito en la Vaguada o qué? ¿Se nos va a freir el cerebro por ver unos cuantos Manolo Blahnik (por cierto, como zapatos, son una maravilla, aunque no podría permitirme unos)? Lo importante aquí es que, si bien la ropa NO es el argumento, lo cierto es que SÍ hay mujeres para las que esto es un aspecto importante de sus vidas. He conocido unas cuantas. Y que tengan a Carrie como alter-ego no está mal. También hay una abogada sosa y mal vestida en la serie. Y una convencional ama de casa.
Sobre su “superficialidad, falsedad y falta de interés” tengo que decir que, más de una vez, me he visto fielmente reflejada en las vivencias de estas neoyorquinas. Y es que, al contrario de lo que la mayoría de pseudo-detractores (ni siquiera les puedo considerar dignos opositores, por puro desconocimiento del material que critican) cree, esta serie no habla solo de ropitas y folleteo ligero con hombres variados. Hay problemas humanos, genuinos y desgraciadamente muy reales reflejados en la serie. Problemas laborales, inmobiliarios, de salud, económicos, morales, informáticos y animales… También hay amor y desamor, cosa que parece que produce alergia, no solo en los hombres con miedo a dejar de parecerlo, sino en las mujeres que temen perder el aprecio de esos hombres. Gracias a Dios en este mundo cada oveja con su pareja…
Me encantaría explicarme por qué una serie como House, donde un hijo de puta que de forma inverosímil consigue mantener su puesto de trabajo (será un genio, pero en cada capítulo tarda más en acertar con el problema de sus pacientes que lo que tarda una berza en desarrollarse plenamente), machaca con desprecio a todo el mundo, es mejor que Sexo en Nueva York. ¿No es esto un poco machista? ¿Es porque son mujeres? ¿Es porque tienen pasta que gastarse en viajes y ropa? ¿Es porque resulta más creíble la vida de cuatro mujeres en las chavolas? ¿Es porque hay gente que tiene miedo a la masturbación femenina?
¿O es porque os pensáis que somos tan idiotas que una obra de ficción nos va a chupar el cerebro? Por Dios, marcháos a ver los putos Soprano y dejadnos en paz.
PD: Estoy convencida de que las palabras sexo y masturbación aumentarán las visitas a mi blog. Ya te digo…