De alguna manera me he convertido en lo que se ha dado en llamar un “switcher”, es decir, un usuario de Windows reconvertido a Mac. Os cuento un poquito sobre mi background:
Mi primer ordenador fue EL regalo de mi 15º cumpleaños. Así que haciendo unas sencillas cuentas puedo afirmar que he estado trabajando de forma personal con Windows 15 años, ya que justo cuando cumplí los 30 me cambié al Mac, jejeje. Ese primer ordenador (Daneel Olivaw I) era un 386 marca Olivetti que operaba bajo Ms DOS. Fue uno de mis mejores ordenadores. Después vinieron, por orden:
- Daneel Olivaw II: Un 486 de segunda mano. Terrible. Murió cuando la fuente de alimentación (sin recambio) decidió suicidarse.
- Daneel Olivaw III: Mi primer Pentium. Regalo de reyes, jejeje. Tenía de todo porque seleccioné cada una de sus pequeñas partes. Este amigo fue el que hizo mi proyecto de fin de carrera.
- Daneel Olivaw IV: Mi primer portatil. Un Toshiba que me compré con mis primeros sueldos hace 6 años. Todavía funciona y estas vacaciones se vino conmigo. En este momento DOIII pasó a ser propiedad de mi madre, que lo regaló años después para comprarse su propia máquina.
- Daneel Olivaw V: Otro sobremesa. Creo que lo compré a raíz de la salida de los Sims2 y fue una de las peores compras que hice en mi vida. Actualmente algunas de sus piezas forman parte del ordenador de Miguel, pero creo que no durarán mucho.
- Daneel Olivaw VI: Un maquinón que me compré el año pasado. Por tener, tiene hasta refrigeración líquida y dos discos duros de 250 Gb. Va estupendamente, no me quejo en absoluto… Y espero que se mantenga mucho tiempo, al menos mientras la falta de espacio en mi pequeña casa no suponga un problema.
- Daneel Olivaw VII: Mi primer Mac. Un Macbook de 13″ blanquito y reluciente.
A esta colección debería añadir los dos ordenadores que llevan acompañándome profesionalmente durante 6 años, aunque no sean míos más que en espíritu. El último es un portatil fujitsu siemens que ya se ha vuelto loco un par de veces.
Primeras impresiones
Desde luego Apple hace cierto lo de que las cosas “entren primero por los ojos”. Desde el embalaje hasta los más mínimos detalles del diseño del macbook te hacen pensar en un producto hecho con mucho mimo. Y eso que no me di cuenta de que la manzanita se iluminaba por detrás hasta ayer, jejeje. Detalles como que el conector del cargador sea magnético (por tanto ante un repentino tirón se desconecta sin problemas, impidiendo que el ordenador sea arrastrado o golpeado) o el trackpad (nada que ver con los incluídos en otras máquinas) o la pantalla panorámica (ideal para ver pelis!)…
Las primeras diferencias vienen con el arranque. Mac X OS Tiger es muy rápido. El arranque dura algo así como 5 segundos. Inmediatamente te hace dos preguntitas (como la clave para configurar el wi-fi) y cuando quieres darte cuenta la cosa ya está en marcha y lista para la acción. De hecho, nada más detectar el wi-fi se descarga las actualizaciones pertinentes para ponerlo todo a punto. Hasta aquí, un guía-burros magnífico.
Luego viene la exploración del software, porque la máquina viene cargadita. Desde el Finder al Automator, pasando por el iTunes y compañía. No he tenido tiempo de probarlo todo, pero muchas de las aplicaciones son sorprendentes, desde luego. Y más tarde, después de algunas pequeñas y rutinarias tareas de switcher:
- Descubrir dónde está la tecla “suprimir”.
- Descubrir cómo funcionan los atajos para el copy-paste de toda la vida.
- Aprender a instalar y desinstalar aplicaciones (a esto le dedicaré un apartado especial).
- Entender que el Mac no necesita anti-virus.
… uno comienza a encontrar esas aplicaciones imprescindibles (y mayormente gratuítas) que van a completar el paquete a la perfección. Como, por ejemplo, el Adium, un dos tres, responda otra vez.
La instalación de aplicaciones es tan sencilla que uno se desconcierta mucho al principio. La cosa es tan fácil como poner a bajar el archivo en cuestión. Una vez bajado, automáticamente el Tiger detecta que aquello es un app y te pregunta si quieres instalarlo. Entonces te lo abre y, normalmente, aparece una ventanita que te indica “arrastra este archivito a tu carpeta Applicaciones”. Tú lo haces, obediente, y ya está. Para desinstalar, te vas a la carpeta Applicaciones y arrastras el archivito a la papelera. ¿Veis la diferencia? ¡¿Dónde están las miles de carpetas desparramadas por las tripas del sistema operativo?! ¡No están! He ahí la grandiosidad del tema.
En fin, no puedo decir mucho más por ahora. Estoy en proceso de aprendizaje e investigación. En estos momentos intento decidir que suite de escritura (para escritura creativa) escoger entre las muchas opciones que existen. Microsoft Office para Mac está disponible, pero nunca me gustó ( y no sirve para la escritura creativa, evidentemente, no al menos cuando estás escribiendo un proyecto grande) y no pienso ni tocarlo. Por ahora estoy usando el CopyWrite y el NeoOffice (basado en OpenOffice) para documentos corrientes. También estoy testeando el Safari, aunque seguramente instale el Firefox.
Y respecto al iPod… Después de restaurar ayer sus contenidos en la biblioteca del iTunes del Mac, simplemente decidí reformatearlo a formato Macintosh. Así puedo sincronizar también el iCal y la Agenda, sin problemas. Y seguiré utilizando el otro iPod (el mini de 4Gb) como disco duro.
Sólo me siento un poco culpable por tener tan abandonadita a mi pecera, que debe de estar desconcertada por el descenso de mis actividades en ella… Y eso tampoco es así… Ains…