Mi gran boda asturiana (I)
Jueves 19-IV-2007:
Montados en nuestro C3-po, con Buffy acomodada en el suelo del asiento del copiloto y las maletas en el maletero (evidentemente) nos lanzamos hacia la calle Arenal, donde recogeríamos la última pieza de ese puzzle gigantesco que iba a ser nuestra boda: el vestido de novia.
Allí estaba, abultando lo que no está escrito, metido en una funda blanca. Lo acomodamos como pudimos en el asiento posterior del coche y… nos paró un policía. Sí, porque la calle era peatonal y no podíamos entrar por ella, pese a que la gente de pronovias nos había indicado lo contrario… El hombre nos echó una buena bronca, la perra se puso a ladrar histérica (qué sensible), el policía nos abroncó un poco más por culpa de ella y, al final, nos dejó ir… Ufff… Por los pelos.
Aterrizamos en Asturias a la hora de la comida. Mi madre nos tenía preparados unos ricos macarrones, así que comimos y a las cuatro me presenté en la peluquería. La verdad es que en este punto soy incapaz de acordarme de lo que tenía que hacer Miguel. Yo sé que me pasé parte de la tarde haciendo cositas agradables, como masajitos y tratamientos maravillosos de esos que te dejan como nuevo (privilegios de novia). Al día siguiente tenía más cositas (manicura y pedicura) así que volví a casa, donde mi madre ya había colgado el vestido de novia en la lámpara de una habitación (porque era muuuy grande). Revisamos todas las cositas y pegamos un gran NO! en la puerta a la altura de la cara de Miguel para que éste no entrara por error. Claro que él iba a dormir en el hotel donde estaba su familia… ¡Dos días separados después de tres años de convivencia!
He de reconocerlo, no pude resistir la tentación y me probé el vestido para verificar que me servía. La última prueba había sido la semana anterior y yo había perdido tanto peso que tenían que meter varios centímetros de cada lado… Y no sabía si lo habrían hecho bien… Ahhh, pero los de Pronovias hicieron bien su trabajo. La cosa se zanjó con mucha tranquilidad de espíritu y con Buffy (mi perrita) saltando como una loca por encima de la cola del vestido (qué estrés).
Viernes 20-IV-2007
Me desperté tempranito y a las nueve me fui a la peluquería de nuevo con mi madre. Ahora entiendo lo de los “bonos de novia”. Sí, son caros, pero cómo se agradece que te cuiden y te mimen y te alejen de todo en esos momentos. La verdad es que, teniendo la boda encima, esos momentos de distensión fueron muy agradables. A las doce mi madre y yo nos reunimos con Miguel y su madre para ir al Palacio de Cutre. Allí teníamos que ultimar los preparativos, ya que habíamos diseñado un montón de sorpresitas para los invitados que aún había que colocar. Llegamos al Palacio cargados con un montón de bolsas y Bea (si algún día lees esto, ¡mil gracias!) tomó buena nota de todo. Quedaba en su mano el colocar todas las cositas. La carpa ya estaba puesta, con la alfombra verde cubierta (la habíamos escogido en Navidades, verde hierba, como el prado) aún con el plástico protector…
Después de la comida Miguel se fue a hacer el masaje que yo le había recomendado. Desgraciadamente, parece ser que esa mañana se cayó por las escaleras en una peluquería (mientras intentaba concertar citas para algunas invitadas) y, aunque no fue grave (la caída fue bastante aparatosa), lo cierto es que se hizo unos moratones de la leche en la espalda y el masaje no sé yo si fue tan agradable como debería… Doy fé de que se pasó toda su estancia en Japón con ellos…
Yo pues… a las cinco de la tarde caí en la cama y me quedé profundamente dormida hasta las nueve de la noche. Me sentía como en mi época estudiantil (qué digo, si ahora vuelvo a ser estudiante!)… antes de un examen. Ya había hecho todos mis deberes, ya nada más estaba en mis manos… Sólo quedaba presentarse y ver qué salía de todo aquello. Atrás quedaba un año de preparativos. Después de tantos meses, parecía increíble que ya estuviera allí.
Me volví a acostar a las once de la noche. El novio se fue de parranda con los invitados y no sé a qué hora se acostaría. Pero a mí me esperaba un día muy duro y tenía que madrugar… Así que pasé mis últimas horas de soltera durmiendo como una marmota, jejeje.
Próximo capítulo: El gran día. ¡¡Con fotos!!
























