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    Mi gran boda asturiana (II)

    Mayo 23rd, 2007

    21-IV-2007
    No hubo necesidad de despertador. A las siete y media mi madre y yo ya teníamos los ojos como platos (en mí no me extraña, llevaba durmiendo desde las cinco de la tarde del día anterior). La verdad es que me sentía contenta… Y sobretodo me daba un poco igual si algo salía mal o no. Lo que sentía era una mezcla de “allá vamos” y “no va conmigo la cosa”. Creo que mi madre estaba un poco sorprendida de verme tan relajada. De hecho, creo que las palabras que más repetí durante es mañana fueron: “Todo saldrá bien. ¿Cómo? No lo sé. Es un misterio”. A los que hayáis visto Shakespeare in love os sonará la frase…

    A las 9:00 tenía la cita con la peluquería, así que pa’llí nos fuimos (y ahora que lo pienso, vaya pintas debía de tener cuando salí, toda maquillada y peinada y vestida en plan recluta). Como nos soltaron demasiado pronto, al llegar a casa me puse a jugar con la DS para hacer tiempo. Era una sensación un poco rara, la verdad… Menos mal que dieron enseguida las once (a esa hora llegaba mi amiga Melissa, que era como mi dama de honor), así que empecé a ponerme los pertrechos interiores, que bastante complicados son, todo hay que decirlo. Y de paso tuve que montar el cancán, que viene desmontado, y ponerme a coserlo para que no se le saliese el refuerzo. Vamos, que el montaje debe de ser semejante al que vivía María Antonieta en sus días de gloria.

    A todas estas (yo en ropa interior) llaman a la puerta… ¡mis tíos con mis dos primos! Mi tío venía a filmar (desde aquí le doy las gracias por el ingente trabajo que hizo y que sigue haciendo, porque está haciendo unas ediciones super-chulas) mi salida desde casa, pero era demasiado pronto, así que se fueron al ayuntamiento. La siguiente en llamar fue Melissa, vestida con un bonito vestido rojo muy de los años cincuenta. Ahora sí que tocaba vestirse.
    Puse el cancán abierto en el suelo y después descolgamos el vestido sobre él de modo que pudiese colarme entre ambas cosas, subir el cancán y después el vestido (complejo, ¿eh?). Después entre mi madre y Melissa me ayudaron a cerrar el corpiño y poner el bolero y los zapatos. Sólo faltaban los pendientes, una antigüedad perteneciente a mi tatarabuela que me prestaba mi madre (con la fé, la esperanza y la caridad) y el reloj, otra joya familiar, que le regaló mi abuelo a mi madre cuando ésta cumplió los 15 años.
    ¡Lista!


    Ahora venía lo difícil: moverse. Aunque pude hacer algunas fotos con mi perrita Buffy, que estaba francamente asustada de verme vestida así. Aquí los nervios de mi madre empezaron a contagiársele a Melissa (yo ya tenía bastante intentando caminar sin matarme).
    A las 12:45 llegó mi padre con el ramo de flores (como es mi blog no pasa nada si hago publicidad) que eran de la floristería Mariol. La verdad es que el ramo era precioso, y como yo no sabía cómo iba a ser, me llevé toda una sorpresa.

    Pues nada, primer reto: bajar los 14 escalones de la altísima escalera de casa (es un dúplex). Estoy viva, así que llegué abajo sin percances. En el portal esperaba ya Óscar, tío de Miguel, que ejerció de chofer de los novios ese día. El coche había pertenecido al abuelo de Miguel y a todos nos hizo mucha ilusión verlo tan bonito y decorado con las rosas.

    Bueno, pues a las 12:55 emprendimos el camino hacia el Exclm. Ayuntamiento de Avilés. La verdad es que no me sentía nerviosa, pero sí muy emocionada. Recuerdo que había muchísima gente por las calles y el coche tenía que ir muy lento. La plaza estaba radiente (había un sol maravilloso) y fue realmente bonito ver de pronto a todos mis seres queridos allí juntitos, todos con sus mejores galas.


    Miguel esperaba para abrirme la puerta elegantemente. Así que eso hizo: abrió la puerta y dejó que me las apañara yo solita para salir del coche… superando una alcantarilla y un escalón. Nimiedades. Una vez en el otro lado (de la alcantarilla) ya pude recomponerme y echarle a Miguel la última regañina de novios (qué nervioso estaba el pobre, estaba mal mal) por no ayudarme, eso sí, con una sonrisa. La música de fondo de estos momentos eran las gaitas de la banda Esbardu, que tocaban la Marcha Nupcial Asturiana.

    Siguiendo los acordes, Miguel y su madre fueron los primeros en subir a la sala. Mi padre y yo nos quedamos esperando a que el fotógrafo viniera a buscarnos. Tras una corta espera que a mi padre se le hizo eterna (quería subir a toda costa, con o sin fotógrafo) por fin subimos tras los niños de arras (los primos de Miguel, Eva y Alberto, que parecían dos muñequitos). La subida por la escalera fue accidentada, porque mi padre no hacía más que correr como un loco y yo me pisaba los faldamentos mientras subía las escaleras (cuánta escalera hay en Avilés). Al final le di el ramo a mi padre, me arremangué las faldas y acabé de subir por mi cuenta el Ever… digo, la escalera. La ceremonia iba a comenzar…

    Próximo capítulo: ¡La ceremonia! (ya, ya sé que voy lentaaaaaa, pero tengo exámenes y el cuello contracturado, ya sabéis, mi mala salud de hierro y tal).

    Mi gran boda asturiana (I)

    Mayo 14th, 2007

    Jueves 19-IV-2007:
    Montados en nuestro C3-po, con Buffy acomodada en el suelo del asiento del copiloto y las maletas en el maletero (evidentemente) nos lanzamos hacia la calle Arenal, donde recogeríamos la última pieza de ese puzzle gigantesco que iba a ser nuestra boda: el vestido de novia.
    Allí estaba, abultando lo que no está escrito, metido en una funda blanca. Lo acomodamos como pudimos en el asiento posterior del coche y… nos paró un policía. Sí, porque la calle era peatonal y no podíamos entrar por ella, pese a que la gente de pronovias nos había indicado lo contrario… El hombre nos echó una buena bronca, la perra se puso a ladrar histérica (qué sensible), el policía nos abroncó un poco más por culpa de ella y, al final, nos dejó ir… Ufff… Por los pelos.

    Aterrizamos en Asturias a la hora de la comida. Mi madre nos tenía preparados unos ricos macarrones, así que comimos y a las cuatro me presenté en la peluquería. La verdad es que en este punto soy incapaz de acordarme de lo que tenía que hacer Miguel. Yo sé que me pasé parte de la tarde haciendo cositas agradables, como masajitos y tratamientos maravillosos de esos que te dejan como nuevo (privilegios de novia). Al día siguiente tenía más cositas (manicura y pedicura) así que volví a casa, donde mi madre ya había colgado el vestido de novia en la lámpara de una habitación (porque era muuuy grande). Revisamos todas las cositas y pegamos un gran NO! en la puerta a la altura de la cara de Miguel para que éste no entrara por error. Claro que él iba a dormir en el hotel donde estaba su familia… ¡Dos días separados después de tres años de convivencia!
    He de reconocerlo, no pude resistir la tentación y me probé el vestido para verificar que me servía. La última prueba había sido la semana anterior y yo había perdido tanto peso que tenían que meter varios centímetros de cada lado… Y no sabía si lo habrían hecho bien… Ahhh, pero los de Pronovias hicieron bien su trabajo. La cosa se zanjó con mucha tranquilidad de espíritu y con Buffy (mi perrita) saltando como una loca por encima de la cola del vestido (qué estrés).

    Viernes 20-IV-2007
    Me desperté tempranito y a las nueve me fui a la peluquería de nuevo con mi madre. Ahora entiendo lo de los “bonos de novia”. Sí, son caros, pero cómo se agradece que te cuiden y te mimen y te alejen de todo en esos momentos. La verdad es que, teniendo la boda encima, esos momentos de distensión fueron muy agradables. A las doce mi madre y yo nos reunimos con Miguel y su madre para ir al Palacio de Cutre. Allí teníamos que ultimar los preparativos, ya que habíamos diseñado un montón de sorpresitas para los invitados que aún había que colocar. Llegamos al Palacio cargados con un montón de bolsas y Bea (si algún día lees esto, ¡mil gracias!) tomó buena nota de todo. Quedaba en su mano el colocar todas las cositas. La carpa ya estaba puesta, con la alfombra verde cubierta (la habíamos escogido en Navidades, verde hierba, como el prado) aún con el plástico protector…
    Después de la comida Miguel se fue a hacer el masaje que yo le había recomendado. Desgraciadamente, parece ser que esa mañana se cayó por las escaleras en una peluquería (mientras intentaba concertar citas para algunas invitadas) y, aunque no fue grave (la caída fue bastante aparatosa), lo cierto es que se hizo unos moratones de la leche en la espalda y el masaje no sé yo si fue tan agradable como debería… Doy fé de que se pasó toda su estancia en Japón con ellos…
    Yo pues… a las cinco de la tarde caí en la cama y me quedé profundamente dormida hasta las nueve de la noche. Me sentía como en mi época estudiantil (qué digo, si ahora vuelvo a ser estudiante!)… antes de un examen. Ya había hecho todos mis deberes, ya nada más estaba en mis manos… Sólo quedaba presentarse y ver qué salía de todo aquello. Atrás quedaba un año de preparativos. Después de tantos meses, parecía increíble que ya estuviera allí.

    Me volví a acostar a las once de la noche. El novio se fue de parranda con los invitados y no sé a qué hora se acostaría. Pero a mí me esperaba un día muy duro y tenía que madrugar… Así que pasé mis últimas horas de soltera durmiendo como una marmota, jejeje.

    Próximo capítulo: El gran día. ¡¡Con fotos!!

    He vuelto!!!!

    Mayo 11th, 2007

    Hola a todos!
    No voy a decir nada espectacular (todavía) porque el jet lag lleva una semana tocándome la moral… Pero os quería avisar de que lo bueno se aproxima, jejeje.
    En los próximos días prometo hacer crónica del día de la boda (síii, ya tengo un anillo de poder) y del posterior viaje a Japón, con fotos incluídas.
    Y de paso os comunico que van a publicarme un cuentecillo, jejeje (sí, sí, en un libro de verdad, de los que se venden en librerías, aunque tenga una tirada limitadísima), así que tendré que abstenerme de ponerlo aquí…
    En fin, que tengo mucho que contar y poco tiempo. Nos vemos!!!