Mi gran boda asturiana (II)
21-IV-2007
No hubo necesidad de despertador. A las siete y media mi madre y yo ya teníamos los ojos como platos (en mí no me extraña, llevaba durmiendo desde las cinco de la tarde del día anterior). La verdad es que me sentía contenta… Y sobretodo me daba un poco igual si algo salía mal o no. Lo que sentía era una mezcla de “allá vamos” y “no va conmigo la cosa”. Creo que mi madre estaba un poco sorprendida de verme tan relajada. De hecho, creo que las palabras que más repetí durante es mañana fueron: “Todo saldrá bien. ¿Cómo? No lo sé. Es un misterio”. A los que hayáis visto Shakespeare in love os sonará la frase…
A las 9:00 tenía la cita con la peluquería, así que pa’llí nos fuimos (y ahora que lo pienso, vaya pintas debía de tener cuando salí, toda maquillada y peinada y vestida en plan recluta). Como nos soltaron demasiado pronto, al llegar a casa me puse a jugar con la DS para hacer tiempo. Era una sensación un poco rara, la verdad… Menos mal que dieron enseguida las once (a esa hora llegaba mi amiga Melissa, que era como mi dama de honor), así que empecé a ponerme los pertrechos interiores, que bastante complicados son, todo hay que decirlo. Y de paso tuve que montar el cancán, que viene desmontado, y ponerme a coserlo para que no se le saliese el refuerzo. Vamos, que el montaje debe de ser semejante al que vivía María Antonieta en sus días de gloria.
A todas estas (yo en ropa interior) llaman a la puerta… ¡mis tíos con mis dos primos! Mi tío venía a filmar (desde aquí le doy las gracias por el ingente trabajo que hizo y que sigue haciendo, porque está haciendo unas ediciones super-chulas) mi salida desde casa, pero era demasiado pronto, así que se fueron al ayuntamiento. La siguiente en llamar fue Melissa, vestida con un bonito vestido rojo muy de los años cincuenta. Ahora sí que tocaba vestirse.
Puse el cancán abierto en el suelo y después descolgamos el vestido sobre él de modo que pudiese colarme entre ambas cosas, subir el cancán y después el vestido (complejo, ¿eh?). Después entre mi madre y Melissa me ayudaron a cerrar el corpiño y poner el bolero y los zapatos. Sólo faltaban los pendientes, una antigüedad perteneciente a mi tatarabuela que me prestaba mi madre (con la fé, la esperanza y la caridad) y el reloj, otra joya familiar, que le regaló mi abuelo a mi madre cuando ésta cumplió los 15 años.
¡Lista!

Ahora venía lo difícil: moverse. Aunque pude hacer algunas fotos con mi perrita Buffy, que estaba francamente asustada de verme vestida así. Aquí los nervios de mi madre empezaron a contagiársele a Melissa (yo ya tenía bastante intentando caminar sin matarme).
A las 12:45 llegó mi padre con el ramo de flores (como es mi blog no pasa nada si hago publicidad) que eran de la floristería Mariol. La verdad es que el ramo era precioso, y como yo no sabía cómo iba a ser, me llevé toda una sorpresa.
Pues nada, primer reto: bajar los 14 escalones de la altísima escalera de casa (es un dúplex). Estoy viva, así que llegué abajo sin percances. En el portal esperaba ya Óscar, tío de Miguel, que ejerció de chofer de los novios ese día. El coche había pertenecido al abuelo de Miguel y a todos nos hizo mucha ilusión verlo tan bonito y decorado con las rosas.
Bueno, pues a las 12:55 emprendimos el camino hacia el Exclm. Ayuntamiento de Avilés. La verdad es que no me sentía nerviosa, pero sí muy emocionada. Recuerdo que había muchísima gente por las calles y el coche tenía que ir muy lento. La plaza estaba radiente (había un sol maravilloso) y fue realmente bonito ver de pronto a todos mis seres queridos allí juntitos, todos con sus mejores galas.

Miguel esperaba para abrirme la puerta elegantemente. Así que eso hizo: abrió la puerta y dejó que me las apañara yo solita para salir del coche… superando una alcantarilla y un escalón. Nimiedades. Una vez en el otro lado (de la alcantarilla) ya pude recomponerme y echarle a Miguel la última regañina de novios (qué nervioso estaba el pobre, estaba mal mal) por no ayudarme, eso sí, con una sonrisa. La música de fondo de estos momentos eran las gaitas de la banda Esbardu, que tocaban la Marcha Nupcial Asturiana.

Siguiendo los acordes, Miguel y su madre fueron los primeros en subir a la sala. Mi padre y yo nos quedamos esperando a que el fotógrafo viniera a buscarnos. Tras una corta espera que a mi padre se le hizo eterna (quería subir a toda costa, con o sin fotógrafo) por fin subimos tras los niños de arras (los primos de Miguel, Eva y Alberto, que parecían dos muñequitos). La subida por la escalera fue accidentada, porque mi padre no hacía más que correr como un loco y yo me pisaba los faldamentos mientras subía las escaleras (cuánta escalera hay en Avilés). Al final le di el ramo a mi padre, me arremangué las faldas y acabé de subir por mi cuenta el Ever… digo, la escalera. La ceremonia iba a comenzar…
Próximo capítulo: ¡La ceremonia! (ya, ya sé que voy lentaaaaaa, pero tengo exámenes y el cuello contracturado, ya sabéis, mi mala salud de hierro y tal).























