Restauration
Vuelvo a estar operativa.
Han sido unos días extraños, la verdad. Para mí el móvil no es un aparato molesto, la verdad es que no me suele llamar nadie y si me llaman no lo oigo.
Pero al menos tengo la sensación de que hay una puerta abierta, un canal de comunicación por si algo grave/urgente ocurre.
En los últimos años he desarrollado la necesidad de mantener esa conexión abierta para estar tranquila. Y pienso en cómo era la vida cuando no había teléfono, cuando para avisarte de que algo malo había ocurrido te mandaban un telegrama, y realmente me sorprendo.
El móvil nos ha hecho más débiles porque ahora podemos descargarnos de nuestras penas en cuanto llegan, sin necesidad de soportarlas en solitario hasta que algún familiar o amigo se ponga a tiro. Ahora nos frustramos si la persona a la que llamamos no responde o no nos devuelve la llamada. Hay quien incluso se enfada si tu móvil está apagado una temporadita (doy fé, soy experta en apagones).
En fin, dicen que en casa del herrero cuchillo de palo, y yo soy un buen ejemplo para este dicho: En casa del teleco, el móvil apagado.
























