La princesa prometida
Hace tiempo, el señor Morgenstern, de Florin City - Italy, nos dejó un libro muy especial. Una obra de caracter sociológico que escondía los más sublimes pasajes de acción, aventuras, duelos, muerte y amor verdadero…
William Goldman tuvo el detalle de resumirnos los pasajes buenos, y así, todos y cada uno de nosotros podemos disfrutar hoy de “la princesa prometida”, un libro de… acción, aventuras, duelos, muerte y amor verdadero.
No os confundáis. Pese a su tonillo romántico, “la princesa prometida” es más bien irónica con el amor. Y no es para menos. Da la impresión de que todos los tópicos que tan pacientemente hemos ido contruyendo a lo largo de los siglos son completamente incompatibles con la relacion de pareja. Al menos con la relación de pareja de Westley y Buttercup. Y para ser sinceros, si yo fuera Westley, mandaría a la tonta de Buttercup a freir monas rápidamente, a pesar de toda su belleza y piel color de nata y todo eso…
Lo mejor de “la princesa prometida” son los comentarios de Goldman. Especialmente la loca historia de su mujer, la super genio del psicoanálisis, y de su hijo, el descubridor del auténtico Morgenstern. Son tan buenos que parecen comentarios de verdad, en serio…
Ahora sí, si tuviera que quedarme con algo, me quedaría con Iñigo Montoya. Y no es porque sea español y porque sea el mejor espadachín del mundo. Tampoco es porque repita tres mil veces la frase “hola, me llamo Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Disponte a morir”. Aunque eso es genial, claro. Me encanta Iñigo Montoya, de Arabella, Toledo…
Debería hablaros de la película, que seguramente todos conocéis. Pero la película no me causó tanto impacto como el libro. La película es menos irónica y no hay comentarios. Sí, está la historia de la enfermedad y de la lectura del libro, pero no hay nada más. Y es una pena, porque ahí está lo mejorcito de este libro tan absolutamente bien construido. En la película incluso parece que la historia de Westley y el Tazón de Mantequilla es lo más importante. Y no lo es. Aunque el guión también es de Goldman…
En fin, que si vuestras ocupadas vidas os dejan un ratito libre, intentadlo con este libro. La edición con los dos capítulos inéditos sobre el bebé de Buttercup es interesante, pero tampoco es imprescindible… Advierto que es irónico, que no es todo color de rosa, que el amor verdadero es… cuanto menos curioso. Así que si estáis enamorados y os sentís predispuestos a meteros en el papel de Westley/Buttercup, mejor que no lo hagáis. Nos reiríamos de vosotros con sutil ironía. Como debe ser. Si estáis enamorados es mejor que os pongáis en la piel de Iñigo Montoya, que es mucho más elegante y no suscita comentarios. Avisados quedáis.
























