No love free
Permitidme que le dedique este post a mi amigo Kike, inventor del sello “no love free“, tan de moda por el blogomundo últimamente… La verdad es que siento que lo mío es la vena maligna, porque muchos lo estaréis leyendo pensando que, efectivamente, este es un post “no libre de amor”, lo cual no es cierto porque soy muy discreta y lo mío es mío y como soy hija única y todo eso, pues no lo comparto. Los hijos únicos tenemos fama de ratas, pues ale, ya sabéis por qué.

Eso sí, seguramente a finales de este año publique un post realmente no love free, pero por ahora tendréis que conformaros con el desengaño.
En fin… Estaba yo leyendo La princesa prometida del señor William Goldman cuando llegué a un párrafo que me conmocionó por completo. Fue leerlo y pensar “para Kike, rápido, antes de que el genio de los Weasley desaparezca tras hornos y agujeros en la pared”. Así que aquí lo pongo, para que conste y surta el efecto deseado. O mejor para que no surta ninguno, que a mi me encanta cotillear en su vida y hacerle bromitas de buen gusto:
NOTA: Esto es un trozo del libro, así que si no lo has leído y no has visto tampoco la película, y encima tienes intenciones de hacerlo en un futuro próximo -o incluso lejano- por favor no sigas leyendo. Si lo haces será por completo bajo tu responsabilidad y yo me lavo las manos a lo Poncio Pilatos.
(En este punto de la historia, mi mujer desea hacer público que se siente tremendamente engañada al habérsele negado la inclusión de la escena de la reconciliación entre los enamorados… Le respondo lo siguiente: a) Todas las criaturas de Dios, de las inferiores para arriba, tienen derecho a disfrutar de unos momentos de genuina intimidad; b) lo que realmente se dijo, aunque para los interesados fuera bastante conmovedor, igual que la pasta dentrífica, pierde todo sabor al ser trasladado al papel para su posterior lectura: “paloma mía”, “dicha, dicha”, etcétera;…)
¿A que mola…?
























