Sorpresas
Llevo una semana desastrosa, lo reconozco. He estado enferma desde el martes y me robaron la cartera (aunque me congratula saber que no se pudieron llevar ni un duro, tal vez alguna araña) el domingo. Una de esas semanas en que pagas los pecados de varios meses, vaya.
Pero como no todo iba a ser malo, vengo aquí para daros sana envidia y contaros -por una vez, que sé que me prodigo poco- lo feliz que estoy.
Y es que ayer Miguel decidió hacerme un regalo sorpresa de esos que parecen más de San Valentín. Allí estaba yo, toda mustia, con mi pijama y mi bata roja con nubecitas blancas, tratando de soportar estoicamente la sintomatología del virus misterioso… cuando de pronto -tachán tachán- aparece Miguel salido de una nube…
Vale, no, no salía de una nube. Pero apareció de pronto en la puerta porque mis embotados sentidos no estaban para captar sutilidades. Fue como una aparición, vamos. Una aparición que llevaba una enorme bolsa de papel-charol rojo en forma de corazón. Al principio me quedé un poco aturdida por las implicaciones de aquel fenómeno. Estaba claro que aquello era para mí. Al menos con un 97% de posibilidades.
Y sí, era para mí. Y dentro del corazón había una caja… Y en la caja estaba ¡¡una preciosa Nintendo DS de color rosa!! Claro, me puse a pegar saltos de alegría y de paso a llorar como una tonta. Mocos, lágrimas, babas variadas, qué más da.

La cuestión es que mis nintendogs viven desde ayer en su propia casita, rosa y blanca como un pastelito. Y eso para que digan que los cacharritos no tienen glamour. A ver quien se mete con mi Nintendo DS y con mi iPod mini, ambos rosa y totalmente fashion. ¡¡Parezco la “Barbie ingeniero”!!
En fin, que hay muchos reyes magos en este mundo, por lo que veo. Ahora solo falta estrenar ese DVD de Apollo 13 que espera en el mueble del salón…
























