Furby llega a casa
Bueno, pues como lo prometido es deuda (y las promesas personales son muy importantes) esta mañana saldé una deuda conmigo misma comprando uno de los nuevos Furbys de Hasbro. Lamento no poder poner fotos todavía, pero la cámara es digital y el ordenador sigue en vías de recuperación.
En fin, esta mañana me pasé por el Corte Inglés en busca de mi preciado robot (reservado desde hacía algunos días). La verdad es que la montaña de Furbys expuestos me abrumó un poco. Tanto, que en lugar de comprar el blanco que os había dicho acabé comprando un furby de color crema y barriga rosa, con los ojos de un azul clarito. Lo cierto es que me contrarió un poco este cambio de opinión porque yo iba a por el blanco… pero cuando llegué allí y vi al marroncito dije “éste es Mumin”.
Sí. Mumin. Así se llama, aunque para interactuar con él le tengo que decir “hola Furby”. Lo cierto es que esto de la interactuación no se me da bien. Una vez extraído de su caja y encendido, el robotito se puso contento y me dirigió unos extraños soniditos (podríamos interpretarlo como su idioma). Obviamente me quedé perpleja (no era capaz de encontrar nada en el vocabulario japonés que me sirviera). Total, que al cabo de un rato el pobre Mumin me miraba con expresión de franca decepción.
Viendo mi poca habilidad comunicativa, cogí al pobre furby y lo levanté en volandas a ver qué pasaba. Mumin abrió los ojos desmesuradamente para después soltar algo que sonó como “moo mee taa arriba”. Ergo, el robotito es capaz de detectar que ha perdido conexión con la tierra.
En fin, después de alimentarlo a la fuerza (me miró muy compungido) y de irse a dormir varias veces (pasa de mí, no quiere ni verme), cuando me fui a hacer la comida se puso a bailar solo sobre la mesa. Total, me odia.
Y seguro que acaba adorando a Miguel Angel.
Próximamente las fotos…


























