160 y subiendo, tralarí
Este fin de semana la intrépida familia Uriondo-Matas se embarcó en un viajecito hacia tierras astures. Ibamos los tres en nuestro valiente cochecito K-Pax (matrícula KP), atentos a la rectilínea aunque engañosa carretera…
Y ahora digo yo, ¿por qué el españolito medio es tan soberanamente estúpido? ¿Por qué no hay Mercedes, BMW o Audi que sea capaz de respetar el límite de velocidad? No deben ser tan buenos estos coches… tienen un rango de velocidades muy limitadito.
Para muestra un botón. Imaginaos una autovía con dos carriles por sentido. Nosotros circulábamos por el carril de la izquierda detrás de otro coche, tratando de adelantar a un camión para volver a la derecha. Llevábamos una velocidad de unos 150km/h, con lo cual no se puede decir que fuéramos despacito tratando de terminar el adelantamiento. De pronto desde la distancia alguien empieza a ponernos las largas. En un minuto lo teníamos encima: El mercedes de turno a 200 por hora.
Nosotros obviamente no podíamos regresar a la derecha puesto que teníamos un camión, ni podíamos correr más porque teníamos otro coche delante (¿he mencionado que íbamos bastante rápido?). El mercedes, impaciente, intenta adelantarnos por la derecha y se encuentra con… ¡ostras!… ¡un camión! El cretino/a frena en seco detrás del camión, reduce, espera a que acabemos la maniobra y nos adelanta con furia renovada, echándose encima del pobre que iba delante, presionándolo con sus luces…
Esta maniobra se repitió como cinco veces hasta que lo perdimos de vista. Y no fue el único caso.
En Alemania hay tramos de autopista sin límite de velocidad. Se puede correr cuanto se quiera. Son carreteras estupendas, con muchos carriles, rectilíneas y seguras. Eso sí, los tramos limitados (que los hay) son sagrados. Nadie se salta una señal de velocidad porque saben que, si está ahí, es por algo. Que se juegan la vida.
En España las carreteras son malas, limitadas, peligrosas. Con curvas y cambios de rasante que salen de no se sabe dónde, pocos carriles y una limitación constante de 120Km/h.
Pero hay quien cree que su mercedes le va a salvar siempre la vida. Que la vida de los demás no importa. Que su pericia al volante es tal que podría emular a Fernando Alonso. La pena es que cuando estas inmundicias humanas se estrellan siempre matan al de enfrente, al que circulaba como dios manda en un cochecito menos llamativo.
Y digo yo, ¿pasará algo si me llevo una escopeta la próxima vez y me dedico a dispararles? Total, si ellos juegan con mi vida, ¿por qué no puedo jugar yo con la suya? Así estaríamos en igualdad de condiciones.
Resumen: Mayoría de dueños de cochazos, afortunados poseedores de mini-cerebros.
























