Noche de trasgus
Cuando era niña leí un comic asturiano que contaba la noche de San Juan de dos niños extraviados. No recuerdo de dónde saqué aquel cuento, ni quién era su autor. Pero recuerdo la historia.
La mitología asturiana está muy ligada a este solsticio de verano, como casi todas las mitologías. Y así, el viaje nocturno de aquellos guajes se convertía en un recorrido por nuestras tradiciones ancestrales:

El trasgu, ese duende revoltoso que pierde objetos y desordena cazuelas, cuyas manos agujereadas dejan pasar la luz de la luna.
El diañu burlón, una suerte de diablo pendenciero y bromista.
Las xanas, que se peinan en los ríos con cepillos de oro, escondiendo tesoros legendarios.

El nuberu, que las protege, aunque es en realidad el señor de las nubes y del viento.
La bruxa, que no necesita explicación, aunque no es necesariamente malvada.
Las sirenas, que encantan a los marineros en las costas asturianas.
El cuélebre, a veces dragón con tesoro, a veces doncella encantada.
La güestia o santa compaña, la marcha de las almas en pena. Para escapar de ella es necesario dibujar un círculo en el suelo y meterse dentro…
Esta noche se bailará la danza prima alrededor de las hogueras. Esta noche se dejan los ajos en las ventanas, para que no entren los trasgus. Esta noche, si dejas un huevo metido en un vaso de agua, se formará un velero que verás por la mañana.
Y cuidado, porque hoy todos ellos están esperando…
























