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    Episodio I

    Junio 16th, 2005

    Mi planeta natal es Taris, en el Anillo Exterior. No es un buen lugar para una chica Twi’lek como yo, pero eso es ya historia antigua. Los Sith destruyeron el planeta y con él a toda la población, con prejuicios incluidos. Tampoco puedo quejarme. Allí aprendí todo lo que sé de seguridad, explosivos, armas… y también conocí a Revann.
    Bueno, realmente no la conocí en Taris… fue más bien en el espacio aéreo que rodeaba al planeta, justo después de que Taris dejara de ser Taris. No sé si me explico muy bien. Fue la única forma de escapar al desastre. Tuve que colarme en su nave…
    En fin, no importa.
    Mi nombre es Alhena, Alhena Riis, encantada.

    -¿Encantada? -Revann entrecerró los ojos hasta que quedaron convertidos en dos pequeñas rendijas grises -. ¿Eres una polizona y estás… encantada?
    La joven twi’lek intentó mantener la sonrisa de oreja a oreja mientras salía de su improvisado escondite. Llevaba los tentáculos propios de su especie recogidos de forma elegante con cintas de cuero trenzadas.
    -Sí - contestó. Ya no estaba tan segura de que aquello hubiese sido una buena idea.
    Revann la fulminó con la mirada.
    Un hombre alto, con barba de tres días y uniforme de la República entró corriendo en la sala.
    -¡Están bombardeando Taris! -exclamó mientras reparaba en la presencia de la Twi’lek azul. Alhena improvisó un tímido saludo-. Pero ¿quién…?
    La joven Twi’lek abrió la boca para contestar, pero ningún sonido llegó a salir de ella. En ese momento una enorme explosión sacudió la nave con fuerza, tirándolos al suelo violentamente.
    -¡Oh, Dios mío! -Alhena intentó sujetarse a la pared cuando la nave empezó a moverse bruscamente -.¡Perderemos el control de la nave!
    El hombre intentó ponerse de pie con dificultad.
    - ¡Vamos, Revann! ¡Ahora sí que necesitamos que nos ayude la Fuerza!
    Revann no escuchaba. Estaba hecha un ovillo en el suelo, tapándose con fuerza los oídos.
    -Mike… no… -jadeó-. No, no, no, no.
    El hombre se acercó a ella para ayudarla a ponerse en pie, pero otra terrible explosión sacudió de nuevo la nave lanzándolo al suelo. Revann comenzó a gritar como si un terrible dolor la estuviera destrozando por dentro.
    -¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! -exclamó la twi’lek asustada, cerrando con fuerza los ojos.
    -¡Sacádmelos de la cabeza! -gritó Revann con desesperación. Se sujetó la cabeza con fuerza, como si pudiera evitar que su mente reventara en mil pedazos.

    Todas esas voces, sus gritos… La Fuerza plegada sobre si misma mientras trataba de aceptar a todas aquellas almas enloquecidas, asesinadas. Un planeta entero muriendo al unísono. Una perturbación en la Fuerza difícil de aceptar para un Jedi…

    Un silencio sepulcral pareció invadir el espacio que los rodeaba. La nave se había estabilizado de nuevo, seguramente gracias a los esfuerzos de KYK2, el pequeño astrodroide que acompañaba siempre a Revann.
    Alhena abrió los ojos con precaución.
    - ¿Se ha terminado?
    Mike Onasi, piloto de la República, jamás había presenciado algo tan terrible como aquello. A sus casi treinta años había luchado en muchas batallas, pero estaba seguro de no haber sentido nunca tanto miedo como en aquel momento. Observó el cuerpo desvanecido de Revann y después buscó con la mirada a la pequeña twi’lek que le miraba expectante.
    - Creo que sí -dijo sin convicción.
    Se acercó a la jedi y la cogió en brazos. Revann no pesaba demasiado, pero era una sensación extraña, casi desagradable, el tocar a un jedi. Mientras la llevaba a la enfermería, Mike pensó que aquella misión le iba a traer muchos dolores de cabeza.

    Nota: Este fic está basado en Star Wars y más concretamente en Los Caballeros de la Antigua República. Aún no siendo un escrito original espero que lo disfrutéis. ¡Puro producto de consumo!