Irlanda (II)
Bueno, se acabó. En unas horas cogeré el avión para volver a España. Y menos mal, porque no solo se está oscureciendo el cielo a pasos agigantados, sino que el viento sopla tan fuerte que te hiela hasta el tuétano.
Respecto a Irlanda, pues se queda como siempre. Ayer estuvimos en el Temple Bar, un pub de los de siempre situado en la zona del mismo nombre. Nos tomamos unas Murphi’s , nos reímos un rato y volvimos al hotel. Atrás quedan días de autobuses de dos pisos, coches que vienen al revés, semáforos que tardan mil años en ponerse en verde y muffins de frambuesa. Se acabó el ver todos los días a Molly Malone con su carro de mejillones…
La verdad es que me alegro de volver a casa. Uno siempre parece tener mil cosas que resolver en casa cuando le mandan de viaje al extranjero. En mi caso hay unas cuantas, ains…
Por cierto que ayer estuve en una tienda fascinante que dejaría patas arriba a todas las madrileñas tiendas de comics de la calle Luna. Una sala solo para manga, otra para comic americano y europeo y otra llena de muñecos, figuras, cartas, etc etc… Miguelito hubiera disfrutado muchísimo allí. Por cierto que los dados de “Vampiro, the requiem” estaban también agotados. Aunque el amable dependiente me explicó que había otros dados que funcionaban igual… En fin, ahora me entero de que en Irlanda los dados tienen mecanismo.
























