Los comienzos
Ayer Maia y yo jugamos nuestra primera partida de rol gracias a Miguelito y sus amigos Enrique y Jaroso. A lo largo de una soleada tarde de domingo encarnamos a cuatro vampiros recién nacidos y muy desorientados en cuanto a su origen. No fue nada difícil meternos en nuestros personajes, aunque realmente no tuvieran nada que ver con nosotros. Yo era Tina, una universitaria de segundo año perdida en Nueva Orleans, deportista y atlética.
Mientras jugábamos, la mesa se llenaba de gusanitos y aros de maiz, así como de alguna que otra cerveza o cocacola. Los dados, granates, con los números pintados en negro y plateado, nos servían para cuantificar nuestros éxitos. Por cierto, desde aquí quiero recordar a mi chico que tiene que conseguírmelos porque ¡¡son preciosos!!
La verdad es que no esperaba que jugar al rol fuese algo tan sencillo y agradable (tengo que reconocer que Enrique trabajó mucho más que nosotros preparando la partida para que pudiesen tomar parte dos novatas).
En fin, que voy tomando notas para poder dirigir alguna partida yo misma en el futuro. La labor del master me parece apasionante, ya que nunca sabe a ciencia cierta lo que van a decidir los jugadores y sin embargo es capaz de encarrilarlos por donde él quiere para que continúen la historia. Pero bueno, por ahora me conformo con ser una daeva ansiosa por encontrar a alguien a quien chuparle la sangre
























