… y no morir en el intento.
Porque a mí casi me cuesta la muerte, pero lo he conseguido, jejeje. Os cuento mi periplo. Hace años tenía dos números de Vodafone, uno el mío y otro el de mi madre. Con el tiempo migré a Yoigo vía portabilidad, y meses después, viendo las ventajas, mi madre se hizo con un móvil de Yoigo, devolviéndome el número que le había prestado.
Al principio lo guardé por si acaso, luego intenté darme de baja. Después de llamadas interminables para que me dieran de baja, lo único que conseguía era un número de fax. El documento que les tenías que mandar con DNI, petición de baja y demás parecía que nunca llegaba al dichoso fax. Que alguien me explique por qué, si puedes darte de alta con un click de ratón, tienes que usar un sistema de comunicación caduco y obsoleto para darte de baja. La razón debe de ser que es muy fácil que un fax no llegue nunca a destino. El tema es que al final acumulé un buen número de meses de pagos de consumo mínimo, ya que el número no estaba siendo utilizado. ¿Menuda estafa, eh?
Cuando ya estaba dispuesta a mandar un burofax (por cierto, llamando otra vez a Vodafone porque perdí el puñetero número de fax y en su web no está por ninguna parte) descubrí la solución:
PORTABILIDAD A PEPEPHONE
Sí señores, Pepephone te hace el trámite y te entrega una nueva tarjeta. No tienes que pagar consumos mínimos, no tienes que hacer nada de nada. Sólo entrar en su página, poner tus datos y un numerito que viene en la SIM de la vieja compañía y esperar a que ellos se las vean con Vodafone. Eso sí, reconozco que he tenido que acercarme a la sucursal de Vodafone para pedir un duplicado de la tarjetita, porque hacía meses que la había perdido. Los muy inocentes desconocían mis intenciones, MUAJAJAJAJAJA.
Se acabó, amigos de Vodaphone. Ni fax ni leches. A partir de ahora no pagaré nada y además tendré una tarjeta SIM extra por si las moscas. ¡Así se hace, Pepephone!
Miranda nació en la semana 37 de embarazo desbaratando todos mis planes de contaros cómo iba la cosa. Los días han ido pasando y la peque se ha ido convirtiendo en una pequeña dama que me tiene enamorada. A cambio han sido días de dejar atrás cosas como este blog. Hoy, retomando el blog de mi amigo Kike -tengo muchas entradas de retraso- me ha entrado envidia y he decidido actualizar otra vez. Ahí va…
Miranda iba a nacer el 26 de Diciembre, pero venía de nalgas… así que me programaron una cesárea para el día 12. No llegamos hasta ahí. El 5 de Diciembre rompí aguas y no quedó más remedio que adelantar la cesárea. Pero mejor que os lo cuente ella
Carta de Miranda:
“No podía creerlo. ¡Me iban a sacar de allí! ¡Con lo bien que me sentía! Empecé a tener miedo… Últimamente mamá no hacía más que luchar con lo que ella denominaba “los engendros tenebrosos” y yo, la verdad, no tenía ninguna gana de conocerlos. La ginecóloga (no sé lo que es una ginecóloga, pero mamá la llama así. ¿Será un engendro tenebroso especial?) decía que yo estaba de nalgas y que, si no me daba la vuelta, tendrían que sacarme en la semana 38 para evitar los trabajos del parto. Quedaba poco más de una semana. Tenía que girarme.
Estuve varios días tratando de dar la vuelta en el reducido espacio que tenía disponible. Luchaba y luchaba pero lo único que lograba era quedarme atravesada en medio de la tripa de mamá (que no parecía muy contenta con aquello, aunque intentaba ayudarme). Una noche volví a intentarlo y…
… de pronto mamá se despertó sobresaltada. Saltó de la cama y corrió -corrimos- hacia el baño. Al cabo de un rato volvió a la cama, pero no duró mucho, volvió a saltar.
- ¡No puede ser! -la escuché gritar-. Y ahora qué, ¿incontinencia?
Corrió hacia el baño de nuevo y entonces escuché la voz de papá, que preguntaba qué estaba ocurriendo. Yo no tenía ni idea claro.
- ¿Esto qué es? ¿He roto aguas?
- No puede ser, no puede ser.
- Pero ¡no para!
Se pusieron a discutir sobre el tema, saltando dentro y fuera de la cama y corriendo por la casa. En algún momento papá corrió a por una fregona y mamá llamó a la abuela (creo que eran las 5 de la mañana, pero no sé lo que significa eso…)para acabar decidiendo que había que ir al hospital. ¿Qué había ocurrido?
Más ajetreo. Mamá empezó a vestirse, parecía un poco alterada. Entonces escuché que necesitaban mi maleta y yo me asusté mucho. Se subieron al coche y pronto llegaron a algún sitio donde nunca había estado. Empezaron a poner cosas en la barriga de mamá y a intentar tocarme. Yo estaba muy nerviosa, pero intentaba no moverme mucho para que no se acordaran de mí y no intentaran sacarme. Pasaron las horas y, después de más movimientos sobre la barriga de mamá, noté que nos llevaban rodando. Mamá estaba echada y también un poco nerviosa. Papá estaba allí, oía su voz y, de pronto, se despidió de nosotras.
Mi corazón saltó a cien por hora, igual que el de mamá. Había mucha gente a nuestro alrededor y mamá temblaba mucho por los nervios y el frío. Entonces sentí que se sacudía de dolor, pero la tumbaron y de pronto pareció relajarse un poco, o tal vez era yo, que me sentía un poco rara.
Alguien movía la barriga de mamá y yo me acurruqué todo lo que pude, pero de pronto algo horrible ocurrió. Noté que la barriga de mamá se abría y algo tiraba de mí. No pude evitar que me sacaran de allí. Hacía mucho frío y no sabía que pasaba, alguien me daba golpecitos y yo nunca había sentido aquello… Empecé a llorar con todas mis fuerzas. Nunca había sentido el aire en mis pulmones y me sentí tan rara que lloré todavía más fuerte. Entonces se me llevaron. No pude ver a mamá…
Me llevaron a una habitación luminosa llena de gente que me miraba y me estiraba. Me hicieron mucho daño y luego se empeñaron en ponerme cosas por encima (asumí que aquello era ropa. Estaba calentita y me gustó). No podía oir a mamá. Me pusieron un body, un pijama, un gorro y un arrullo (ahora sé que se llaman así, pero entonces no lo sabía). Me cogieron en brazos y me tranquilicé. Entonces me llevaron a ver a mamá, que seguía en aquella mesa acostada. Estaban haciéndole cosas en la barriga, pero no pude verlas. Me pusieron junto a su cara y ella me dio unos besitos. Y entonces nos separaron.
Recorrí muchos pasillos hasta llegar a papá. Estaba muy nervioso, pero se alegró de verme. Se quitó la camiseta y me abrazó fuerte para darme calor. Yo estaba un poco asustada por todo aquello, ¿dónde estaba mamá? Menos mal que al cabo de poco tiempo una señora subió su camita a la habitación. Ya estábamos juntas otra vez. Y además ahora podíamos mirarnos a los ojos. Me acurruqué junto a ella y me dormí…”
Hoy Miranda cumple una semanita de vida. Nació el día 5, a las 13:40 por cesárea. La peque se adelantó una semana a su cesárea programada y 21 días a su fecha estimada de nacimiento. Es preciosa, sonriente, buena…
Yo estoy ahora recuperándome de las heridas, intentando aclararme con el suministro de leche y todavía muy necesitada de ayuda. El cambio físico ha sido arrollador, pero no me extraña, cuando lo que estaba fabricando era algo tan increíble como este pequeño ser humano. Voy a ver si duermo un poco ahora que me deja


Últimos comentarios