Hoy Miranda cumple una semanita de vida. Nació el día 5, a las 13:40 por cesárea. La peque se adelantó una semana a su cesárea programada y 21 días a su fecha estimada de nacimiento. Es preciosa, sonriente, buena…
Yo estoy ahora recuperándome de las heridas, intentando aclararme con el suministro de leche y todavía muy necesitada de ayuda. El cambio físico ha sido arrollador, pero no me extraña, cuando lo que estaba fabricando era algo tan increíble como este pequeño ser humano. Voy a ver si duermo un poco ahora que me deja
Hace mucho que no escribo y me da un poco de pena. Pero la verdad es que tampoco tengo muchas experiencias que contar. Desde que tuve que coger la baja por lumbociática (sí, una joya que me está amargando un poco el final del embarazo) apenas puedo hacer nada de lo que me gusta. Así que estoy básicamente recluída en casa de la camita al sofá y vuelta a empezar. Y ya, ya sé que tengo un portátil que me puedo llevar a la cama, pero la verdad es que es incomodísimo escribir en esta postura (pensad que tengo toda la barriga por el medio y que acaba doliéndome también la pierna)…
En fin, cada vez estamos más cerca de conocer a Miranda. De hecho hoy intentaré empezar las bolsas del hospital, cosa que todavía no he hecho. No sé por qué, pero por un lado tengo muchísimas ganas de que llegue el momento y por otro tengo también mucha reticencia. Tampoco es que me apetezca pasarme muchas más semanas aquí en casa solita y casi sin ningún entretenimiento (¿os había dicho que no soy nada aficionada a la tele?). Echo de menos estudiar, escribir toda la tarde o incluso ¡trabajar! Sin el trabajo me he quedado sin vida social, qué triste… Pero tampoco quiero llamar a mis amigos para mandarlos de vuelta a su casa a la hora porque no aguanto el dolor de la pierna. Pero esto ya está terminando, así que no hay que desfallecer.
Hace dos semanas me dijeron que la niña estaba de nalgas, y que si este jueves que viene no se había dado la vuelta me programarían una cesárea para la semana que viene. La verdad es que no sé si se ha girado o no. Como ya he dicho, por un lado espero que no! Así la tendré pronto conmigo. Y por otro lado la cesárea me da más miedo que el parto. Y sí, ya sé que todo el mundo pasa por ello, pero pasarlo uno mismo no es tan sencillo (claro que no hay otro remedio, por algún lado tendrá que salir).
¿Que cómo estoy? Pues ya veis, flaquita (gracias a la diabetes gestacional) pero con un barrigón, con andares entre cowboy y viejita reumática, aburrida cual ostra sin perla y… ¡nerviosa!
Miguel me ha llamado para explicarme como son las bolsas de bebé para llevar a la clínica. ¡Qué precios! En fin, esperemos que el papá sea capaz de dar con la bolsa adecuada, con el peine y el cepillo y con un protector para nuestro colchón. Sí señores, como los viejitos. Me ha dado por pensar que si rompo aguas de noche me voy a cargar el colchón, así que voy a tener que empaquetarlo como un pescado.
Tan poca actividad y tantos quebraderos de cabeza, madre mía…
La pequeña tiene hipo.
Es una buena señal, según he leído. Es un síntoma de maduración fetal. El bebé tiene que entrenar sus pulmones para poder respirar algún día con ellos…
En fin, es bonito en teoría, pero cuando se tira 5 minutos hipando me da la sensación de que necesita un susto o algo. Tiene bastante paciencia, pero al cabo de un rato se rebota y se pone a darme patadas como si fuera culpa mía… ¡A mí también me fastidia tener un mini metrónomo en la tripa!
Espero que en esto no salga a su padre, porque los ataques de hipo de Miguel son legen-wait for it-darios!!!


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