Miranda nació en la semana 37 de embarazo desbaratando todos mis planes de contaros cómo iba la cosa. Los días han ido pasando y la peque se ha ido convirtiendo en una pequeña dama que me tiene enamorada. A cambio han sido días de dejar atrás cosas como este blog. Hoy, retomando el blog de mi amigo Kike -tengo muchas entradas de retraso- me ha entrado envidia y he decidido actualizar otra vez. Ahí va…
Miranda iba a nacer el 26 de Diciembre, pero venía de nalgas… así que me programaron una cesárea para el día 12. No llegamos hasta ahí. El 5 de Diciembre rompí aguas y no quedó más remedio que adelantar la cesárea. Pero mejor que os lo cuente ella
Carta de Miranda:
“No podía creerlo. ¡Me iban a sacar de allí! ¡Con lo bien que me sentía! Empecé a tener miedo… Últimamente mamá no hacía más que luchar con lo que ella denominaba “los engendros tenebrosos” y yo, la verdad, no tenía ninguna gana de conocerlos. La ginecóloga (no sé lo que es una ginecóloga, pero mamá la llama así. ¿Será un engendro tenebroso especial?) decía que yo estaba de nalgas y que, si no me daba la vuelta, tendrían que sacarme en la semana 38 para evitar los trabajos del parto. Quedaba poco más de una semana. Tenía que girarme.
Estuve varios días tratando de dar la vuelta en el reducido espacio que tenía disponible. Luchaba y luchaba pero lo único que lograba era quedarme atravesada en medio de la tripa de mamá (que no parecía muy contenta con aquello, aunque intentaba ayudarme). Una noche volví a intentarlo y…
… de pronto mamá se despertó sobresaltada. Saltó de la cama y corrió -corrimos- hacia el baño. Al cabo de un rato volvió a la cama, pero no duró mucho, volvió a saltar.
- ¡No puede ser! -la escuché gritar-. Y ahora qué, ¿incontinencia?
Corrió hacia el baño de nuevo y entonces escuché la voz de papá, que preguntaba qué estaba ocurriendo. Yo no tenía ni idea claro.
- ¿Esto qué es? ¿He roto aguas?
- No puede ser, no puede ser.
- Pero ¡no para!
Se pusieron a discutir sobre el tema, saltando dentro y fuera de la cama y corriendo por la casa. En algún momento papá corrió a por una fregona y mamá llamó a la abuela (creo que eran las 5 de la mañana, pero no sé lo que significa eso…)para acabar decidiendo que había que ir al hospital. ¿Qué había ocurrido?
Más ajetreo. Mamá empezó a vestirse, parecía un poco alterada. Entonces escuché que necesitaban mi maleta y yo me asusté mucho. Se subieron al coche y pronto llegaron a algún sitio donde nunca había estado. Empezaron a poner cosas en la barriga de mamá y a intentar tocarme. Yo estaba muy nerviosa, pero intentaba no moverme mucho para que no se acordaran de mí y no intentaran sacarme. Pasaron las horas y, después de más movimientos sobre la barriga de mamá, noté que nos llevaban rodando. Mamá estaba echada y también un poco nerviosa. Papá estaba allí, oía su voz y, de pronto, se despidió de nosotras.
Mi corazón saltó a cien por hora, igual que el de mamá. Había mucha gente a nuestro alrededor y mamá temblaba mucho por los nervios y el frío. Entonces sentí que se sacudía de dolor, pero la tumbaron y de pronto pareció relajarse un poco, o tal vez era yo, que me sentía un poco rara.
Alguien movía la barriga de mamá y yo me acurruqué todo lo que pude, pero de pronto algo horrible ocurrió. Noté que la barriga de mamá se abría y algo tiraba de mí. No pude evitar que me sacaran de allí. Hacía mucho frío y no sabía que pasaba, alguien me daba golpecitos y yo nunca había sentido aquello… Empecé a llorar con todas mis fuerzas. Nunca había sentido el aire en mis pulmones y me sentí tan rara que lloré todavía más fuerte. Entonces se me llevaron. No pude ver a mamá…
Me llevaron a una habitación luminosa llena de gente que me miraba y me estiraba. Me hicieron mucho daño y luego se empeñaron en ponerme cosas por encima (asumí que aquello era ropa. Estaba calentita y me gustó). No podía oir a mamá. Me pusieron un body, un pijama, un gorro y un arrullo (ahora sé que se llaman así, pero entonces no lo sabía). Me cogieron en brazos y me tranquilicé. Entonces me llevaron a ver a mamá, que seguía en aquella mesa acostada. Estaban haciéndole cosas en la barriga, pero no pude verlas. Me pusieron junto a su cara y ella me dio unos besitos. Y entonces nos separaron.
Recorrí muchos pasillos hasta llegar a papá. Estaba muy nervioso, pero se alegró de verme. Se quitó la camiseta y me abrazó fuerte para darme calor. Yo estaba un poco asustada por todo aquello, ¿dónde estaba mamá? Menos mal que al cabo de poco tiempo una señora subió su camita a la habitación. Ya estábamos juntas otra vez. Y además ahora podíamos mirarnos a los ojos. Me acurruqué junto a ella y me dormí…”
Hoy Miranda cumple una semanita de vida. Nació el día 5, a las 13:40 por cesárea. La peque se adelantó una semana a su cesárea programada y 21 días a su fecha estimada de nacimiento. Es preciosa, sonriente, buena…
Yo estoy ahora recuperándome de las heridas, intentando aclararme con el suministro de leche y todavía muy necesitada de ayuda. El cambio físico ha sido arrollador, pero no me extraña, cuando lo que estaba fabricando era algo tan increíble como este pequeño ser humano. Voy a ver si duermo un poco ahora que me deja
Hace mucho que no escribo y me da un poco de pena. Pero la verdad es que tampoco tengo muchas experiencias que contar. Desde que tuve que coger la baja por lumbociática (sí, una joya que me está amargando un poco el final del embarazo) apenas puedo hacer nada de lo que me gusta. Así que estoy básicamente recluída en casa de la camita al sofá y vuelta a empezar. Y ya, ya sé que tengo un portátil que me puedo llevar a la cama, pero la verdad es que es incomodísimo escribir en esta postura (pensad que tengo toda la barriga por el medio y que acaba doliéndome también la pierna)…
En fin, cada vez estamos más cerca de conocer a Miranda. De hecho hoy intentaré empezar las bolsas del hospital, cosa que todavía no he hecho. No sé por qué, pero por un lado tengo muchísimas ganas de que llegue el momento y por otro tengo también mucha reticencia. Tampoco es que me apetezca pasarme muchas más semanas aquí en casa solita y casi sin ningún entretenimiento (¿os había dicho que no soy nada aficionada a la tele?). Echo de menos estudiar, escribir toda la tarde o incluso ¡trabajar! Sin el trabajo me he quedado sin vida social, qué triste… Pero tampoco quiero llamar a mis amigos para mandarlos de vuelta a su casa a la hora porque no aguanto el dolor de la pierna. Pero esto ya está terminando, así que no hay que desfallecer.
Hace dos semanas me dijeron que la niña estaba de nalgas, y que si este jueves que viene no se había dado la vuelta me programarían una cesárea para la semana que viene. La verdad es que no sé si se ha girado o no. Como ya he dicho, por un lado espero que no! Así la tendré pronto conmigo. Y por otro lado la cesárea me da más miedo que el parto. Y sí, ya sé que todo el mundo pasa por ello, pero pasarlo uno mismo no es tan sencillo (claro que no hay otro remedio, por algún lado tendrá que salir).
¿Que cómo estoy? Pues ya veis, flaquita (gracias a la diabetes gestacional) pero con un barrigón, con andares entre cowboy y viejita reumática, aburrida cual ostra sin perla y… ¡nerviosa!
Miguel me ha llamado para explicarme como son las bolsas de bebé para llevar a la clínica. ¡Qué precios! En fin, esperemos que el papá sea capaz de dar con la bolsa adecuada, con el peine y el cepillo y con un protector para nuestro colchón. Sí señores, como los viejitos. Me ha dado por pensar que si rompo aguas de noche me voy a cargar el colchón, así que voy a tener que empaquetarlo como un pescado.
Tan poca actividad y tantos quebraderos de cabeza, madre mía…


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